¿Qué es la Zambra y cuáles son sus orígenes?

La Zambra Gitana es un baile que forma parte de la cultura del flamenco. Pero lo cierto es que, debido a la gran mezcla de culturas que ha habido en Andalucía a lo largo de la historia, el origen del flamenco continúa siendo a día de hoy un misterio. Un mestizaje al que se le sumó la cultura de los gitanos, un pueblo nómada llegado desde la India. A continuación te contamos qué es la Zambra, cuál es su posible origen  y cómo ha ido evolucionando a lo largo del tiempo hasta convertirse en patrimonio histórico.

¿Qué es la Zambra?

La Zambra del flamenco es una danza típica de los gitanos de Granada, producto de la evolución de antiguos bailes moriscos, por lo que guarda ciertas semejanzas con la danza del vientre y con la danza flamenca de los cantes por taranto de Almería.

Esta danza está formada por una serie de cantos, bailes, sortilegios, recitaciones y juegos musicales que conforman un conjunto en torno al tema central de la boda, con una participación mayoritariamente femenina.

Historia de la Zambra

Origen

También conocida como Zambra Mora, la Zambra es una danza flamenca de los gitanos en Granada. Parece que la palabra Zambra tiene su significado en la palabra árabe zamra (flauta) (flauta) o zamara (músicos). La Zambra gitana nace en el Sacromonte, en las cuevas de los gitanos. Un estilo de cante y baile inspirado en las bodas musulmanas de la localidad. 

Cuando los moriscos eran perseguidos por los cristianos, se refugiaron con los gitanos, de modo que estos últimos terminaron enriqueciéndose con su arte. Con el paso del tiempo, la Zambra de las bodas musulmanas pasó a formar parte también de las bodas de los gitanos del Sacromonte.

En aquella época, la Zambra gitana se bailaba con los pies descalzos, se vestía una falda larga de grandes pliegues atada a la cadera que parecía flotar al bailar y una blusa anudada por debajo del pecho.

Desarrollo

En el siglo XVI, la Inquisición prohíbe la Zambra gitana en Granada por considerarla como un baile indecente. Y es que Felipe II quería eliminar cualquier huella de otras culturas que no fueran la católica. No obstante, esto no impidió que se siguiera practicando a escondidas. Pese a los muchos intentos que se hicieron por acabar con ella, desde la conquista del Reino de Granada, esta danza quedó protegida por la comunidad gitana del barrio del Sacromonte, que en secreto, se ocupó de velar por su supervivencia.

Así, con un camino plagado de obstáculos, la Zambra logró llegar hasta el siglo XIX, cuando se convirtió en una atracción exótica para los primeros turistas que pisaban estas tierras. Los autores románticos empezaron a ensalzar el tópico de los gitanos del Sacromonte en sus obras, que siempre eran retratados bailando flamenco. Por eso, cuando los viajeros románticos llegaban a Granada con esa imagen en su mente. Un tópico que se vería reforzado por los propios artistas que crearon los primeros espectáculos para los turistas, que salían de sus casas ya vestidos con el traje flamenco. De este modo, las cuevas del Sacromonte se convertirían en un verdadero icono de la cultura española.

Pero la Zambra flamenca también estuvo muy presente en la Generación del 27, siendo el punto de inflexión el Concurso de Cante Jondo que organizaron Federico García Lorca, Manuel de Falla y otros miembros del Rinconcillo. Un evento que resultó ser un hito nacional, sirviendo para dignificar y promocionar esta nueva forma de cultura.

Patrimonio histórico

En febrero de 2019, la Zambra de Granada se convirtió en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, contando con el respaldo de todas las Zambras gitanas que continúan en activo hoy en día: La Rocío, Los Tarantos, La Canastera y la Venta del Gallo, además de por importantes personalidades del flamenco como Salvador Amaya y Marina Heredia, por ejemplo.

Obviamente, no podemos pensar que la Zambra actual es idéntica a la de los inicios, pero el hecho de que continúe en el recuerdo de la celebración de la boda como un acto ritual de enorme relevancia, acompañada por los bailes y cantos que mantienen su singularidad, la convierten en un verdadero fenómeno social, cultural y musical.

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